Fragmento #6 - Vísteme despacio que tengo prisa

Martes, 16 de febrero 2010
En Sevilla

- ¡Hasta mañana! -Gloria se despide de mí en el hall de entrada.
- Chao, Glo.
Sí, ya echaba de menos la rutina de la facultad. Los reencuentros en los pasillos, los viejos amigos, un nuevo montón de apuntes que aprenderse para Junio, porque al final siempre nos pilla el toro… Sí, justo lo opuesto a lo que es el descanso. Voy de camino al coche, aparcado a pleno sol porque al ayuntamiento ha decidido cortar todos los arbolitos y matorrales que había en el parking que hay enfrente de la facultad. Menos mal que aún no calienta demasiado. Se acabó la tranquilidad. Varios coches salimos a la vez. Hago de nuevo el camino que llevo haciendo desde hace cuatro años.

El móvil vibra en el asiento del copiloto. En el semáforo de Ingenieros, mientras espero que se ponga en verde, veo quién me ha dado un toque: es Pierre, uno de los hijos de una familia francesa amigos de mis padres. De sus viñedos sale uno de los vinos artesanos franceses con denominación de origen, aunque al ser una producción familiar, no es muy grande. Pero lo suficiente para llevar una vida desahogada. Le devuelvo el toque. Cada dos o tres días hablamos vía Messenger. Cuando acabe este año, quizás se venga a estaba a estudiar un máster. ¿Y yo qué quiero hacer con mi vida cuando acabe? Vaya, la gente me pita, el semáforo se ha puesto en verde. “¡Ya voy” Por favor, que es el primer día. ¿Qué haréis cuando llegue junio? Comienzo a avanzar, pero no paso de 50. Habré nacido en Sevilla, pero no llevo la prisa del tráfico en las venas. Hasta un poco más adelante, no pueden pasarme. Mientras más prisa me metáis, más lenta iré, porque las prisas nunca son buenas.