Fragmento #7 - Insignificante

Viernes, 19 de febrero 2010
En Sevilla

-¡¡Otro, otro, otro!!
La barrilada de comienzo de cuatrimestre está en su auge. Son las cinco de la tarde y estamos todo el grupo celebrando que hemos acabado los exámenes. Llevamos tres rondas de chupitos de vodka caramelo, y a mí ya me está dando vueltas todo el Charco de la Pava. Mira que me gustan poco estas cosas, hay muchos niñatos presumiendo de coches-discoteca, escondidos detrás de gafas de sol que les dan un aire chulesco, y como a los niños pequeños, los protegen y les hace creer que son “adultos”. Pero bueno, al final me han convencido y aquí estoy.

Después de una comida rápida en el McDonalds, Narciso, Gloria y un grupo de compañeros de clase están en círculo y bebiendo como cosacos. Yo me limito a mirar, el volante y el alcohol no son buenos compañeros, y después tengo que conducir hasta casa. Como siempre, me siento un pegote. Gloria tiene ya un nuevo ligue. El chico no está mal de físico, la cara… me la tapa mi amiga. Narciso, nuestro amigo gay parece que también acaba de encontrar pareja, otro chico. Todos encuentran algo que hacer y a alguien con quien estar, todos excepto yo. Me coloco el bolso en bandolera y sin decir ni adiós me voy, total, nadie va a echarme en falta hasta la noche. Veo un par de caras conocidas, un tal Luis de clase y dos muchachas más de camino hacia el coche. Sigo hacia delante, me agrego a un grupito de chicas que cruza también por debajo del puente, bastante oscuro ya, y salgo al otro lado. Efectivamente, nadie ha notado mi ausencia de estos últimos diez minutos, ni siquiera las chicas se han dado cuenta que iba con ellas. Entro por fin en el coche y me dejo caer en el asiento. Me siento pequeña, muy pequeña e insignificante. Enciendo el motor y el ronroneo ahoga los sollozos. Es hora de volver a casa.