Fragmento #8 - Pizza para uno

Jueves, 25 de febrero 2010
En Sevilla

Es noche de chicas. Después de una semana algo extraña, he llamado a Gloria para cenar y luego salir de copas, las dos solas. Hemos hablado algo del asunto, después de tomarme por secuestrada y llamar a medianoche casi llorando cuando se dio cuenta de que ya no estaba con ellos. Le he prometido explicarle todo durante la cena.
Mientras ponía la mesa, le sonó el móvil. Ahora, más de diez minutos después, ella sigue habla que te habla con su nuevo novio, al que conoce desde hace sólo una semana, ése con el que tonteó –y es quedarse corta- en la barrilada.
- ¿Carla? ¿Te importa que me vaya? Tengo que arreglar un asuntillo con mi cari. Nos vemos mañana, ¿vale?
- Pero, Gloria, es que la pizza ya está aquí…
- Lo siento, ya te compensaré. Un besito.
- Espera, Gloria…
Clac. ¡Me ha dado con la puerta en las narices! Cuando salgo de mi asombro, me asomo al rellano de las escaleras, pero ya no está. Cierro y me siento a cenar. Me siento como un juguete viejo, al que dejan arrinconado por otro nuevo y que sólo sirve para consolar a la niña mientras le compran otra muñeca. Medio zombi me tumbo en la cama y me aovillo. Una frase martillea mi cerebro, una frase que me repetía una y otra vez: “las apariencias engañan, nena, no te fíes ni de tu sombra”. Abuela, ¿dónde estás cuando más te necesito? En ese momento, una estrella fugaz recorre el cielo, y sueño con ella.