Fragmento #13 - El placer de la lectura

Martes, 16 de marzo 2010
En Sevilla

Un par de días en la playa dejan como nueva a cualquiera. Mis padres han insistido tanto que no he sido capaz de decirles que no. Sé que en parte era teatro, pero al fin y al cabo, sigo siendo su hija y ellos mis padres. Prometieron dejarme tranquila, hacer lo que quisiera si iba con ellos. Un pequeño chantaje, pero a cambio obtengo algo mucho más grande. Ahora debo volver a la rutina de los últimos días en Sevilla.

Llevo dos tardes con esta bajando a la cafetería en compañía de un libro: La elegancia del erizo. Me he dado cuenta de que hay varias personas que parecen clientes habituales del local. Una de ellas es un hombre joven, creo que de mi edad, y siempre va con una muchacha. Me recuerdan a un pintor y a su musa, sobre todo por el aspecto que tienen los dos: él lleva media melena, pantalones y camiseta anchos, desgastados, y ella un vestido hippie de flores con botas marrones y un bolso de croché de colores. En el pelo lleva una cinta beige, entrelazada en una trenza. Se sientan junto a la ventana, dos mesas más allá. En otra mesa está un hombre de mediana edad, con un enorme libro. Lleva gafas, tiene el pelo canoso y viste bien, pero el pisacorbatas y la pipa no lo hacen muy común. Por último, una anciana que se sienta en la esquina más alejada y lleva una cestita como bolso. Jamás pensé encontrarme a personajes tan pintorescos en Nervión. En el centro y en Triana bueno está, pero aquí... En fin.

Pero siento que por primera vez encajo. Pido un cappuccino y el mundo de mi alrededor desaparece cuando las voces de los personajes cobran vida.