Fragmento #3 - ¿Pequeñines? No, gracias

Viernes, 12 de febrero 2010
En Castilleja de la Cuesta

Después de medir y hacer un dibujo que más parece un puzzle que otra cosa, estoy de vuelta en IKEA. Acabo de pagar todos los muebles, ahora queda pedir que me los traigan a mi nuevo hogar, mi Mini es eso, mini, mucho que ayer me cupieron todos los accesorios, platos y demás chismes que compré. Cojo un número, como en la pescadería. Hay una cola interminable. Para hacer tiempo, voy a la zona de comestibles y compro un par de paquetes de galletas, un sándwich y unas patatas fritas. Ya tengo cena para esta noche. Deambulo un rato más y me compro un café con leche. Echo un vistazo al panel de la ventanilla de entrega a domicilio. Parece que ya está cerca mi número. Mientras espero en los bancos que hay al lado de las ventanillas, veo a un pequeñajo corriendo. No tiene más de cuatro años. Se acerca a mí con expresión angelical, mientras su madre lo vigila de reojo. Tal y como están hoy las cosas, es mejor no fiarse de nadie. Se sienta a mi lado mientras rechupetea un chupachups. Vaya, cuánto hace que no como yo uno de esos. De hecho, desde que me pusieron esos odiosos aparatos a los ocho años.
- ¿Está buena la chuche?- le pregunto. Se limita a mirarme relamiendo su caramelo- ¿Me das un poquito?
- Si tú me das las patatas.
Vaya caradura. Obviamente no voy a aceptar ese cambio, así que le digo que no. El niño me mira y se echa a llorar. La madre se lo lleva corriendo al banco donde estaba sentada. Me fulmina con la mirada. Señora, que no le he hecho nada al niño.
Suena un bip. Me he librado por los pelos. Me da miedo girar la cabeza por si ella sigue taladrándome con la mirada por la espalda. Mientras, la mujer de la ventanilla hace las preguntas típicas:
- ¿Nombre y apellidos, por favor? ¿Domicilio donde se va a hacer la entrega? ¿modo de pago?…
Un cuarto de hora después estoy fuera de la cola. Por hoy ha sido suficiente. Me voy al aparcamiento y cojo mi Mini recién estrenado. ¿Cómo sería mi vida con una sillita de niño en el coche? Me remuevo en el asiento. Gracias a Dios, para eso aún queda mucho. Vayamos poco a poco.