Fragmento #16 - Café Irlandés

Lunes, 05 de abril de 2010
En Sevilla

Siete de la tarde. Hace mucho viento fuera, en la calle, pero ahora estoy calentita y a resguardo leyendo en el café. Hoy el "pintor" ha venido sin su musa. Hacía un par de días que no se dejaba caer por aquí, pero cuando lo ha hecho, me ha llamado la atención que lo hiciera solo. Le ha crecido barba, y no para de fumar. Se le ve triste y está como ausente. No sería extraño pensar que lo ha dejado su novia, o lo que quiera que fuesen. Una de las veces, gira la cabeza hacia donde yo estoy, pero su mirada me atraviesa, y sale al otro lado de la ventana, a la calle. Es una suerte poder sentir algo así por alguien, aunque sea doloroso. Al menos, eso te hace sentir viva, con sentimientos, y no tienes la sensación de ser una fría estatua de mármol. A mis 21 sólo he querido a una persona, ese amor de los quince años de verano. He estado con un par de tíos más, sin contar a Marcos, con quien me lié una noche, pero por ninguno he sentido nada especial. Desde entonces, creo que me he vuelto de piedra.
Sigo mirando a ese chico, ahora ya sin ese aspecto de pintor iluminado, sólo un bohemio deprimido. Deja de mirar a través de la ventana y llama al camarero. Antes de volver a sumergirme de nuevo en mi libro, le escucho pedir.
- Un café irlandés, por favor. Con mucho whisky.