Fragmento #18 - Sonríe

Jueves, 8 de abril 2010
En Sevilla

“Miles de jóvenes asistieron anoche al macrobotellón celebrado en el recinto que acoge la Feria de Abril, en el barrio de Los Remedios. El motivo: cualquiera es válido para reunir a los estudiantes"

Seguro que por eso no he visto a Gloria hoy. Ayer seguro que durmió con su nuevo “novio”, y tampoco vino. Pues se acabaron los apuntes gratis.

Dejo el periódico y empiezo a cambiarme para el trabajo. El horario está muy bien, y me deja algo de tiempo para pasar apuntes y estudiar. De dos y media a cinco y a partir de las 10 estoy libre. Por la mañana voy a clases, y si se cuenta la cantidad de asambleas que está habiendo desde que comenzó el curso, tiempo libre es lo que me sobra. Aunque por otra parte, la presión que nos están metiendo con los trabajos agobia y una tiene la sensación de agobio propia de finales de cuatrimestre. Pero bueno, ahora toca pasar un buen rato, relajado, y en un ambiente que me encanta. Llevo sólo dos días, pero no es nada estresante. Además, aquí te lo piden todo por favor y te dan las gracias, y no son clientes que lleven prisa, por lo que no son exigentes con el tiempo que tardo en servirles. Es una buena manera de aprender para las que no hemos trabajado nunca en esto. En fin.

Mientras cavilo, he llegado a mi segundo hogar. Me siento detrás de la barra y espero que la gente empiece a llegar. No tardarán mucho. Mientras tanto, cojo un libro de la estantería. Así se me hará más amena la espera y dejo de pensar, que no es bueno machacar tanto a las neuronas. Pero como dicen que las mujeres podemos realizar varias tareas a la vez, pienso en el chico pintor-bohemio. Espero que venga hoy también, me ha caído bien ese tipo. Es muy asiduo del café, pero he comprobado que los viernes no siempre se pasa por aquí. Mira, hablando del rey de Roma, se abre la puerta. Vaya, no es él. Qué chasco. Supongo que mi deseo se debe a que por lo menos hay algo estable a lo que agarrarme en caso de tormenta, aunque sea sólo la presencia de un chaval al que no conozco de nada. Se vuelve a abrir la puerta y ésta vez sí es él. En cuanto me ve, me llama con la cabeza. Como siempre, me dedica una sonrisa, pero hoy hay algo diferente. Siento que él está tan falto de cariño y amistad como yo. En lugar de su pedido dibujo un par de caras riendo y se lo dejo en la mesa. Hay momentos en los que sobran las palabras.