Fragmento #20 - En el fondo de la taza de café

Martes, 13 de abril 2010
En Sevilla

Es la hora de cerrar, pero no me he traído paraguas y con la que está cayendo sería de locos salir. Normalmente cierro a las diez, pero hoy he dejado que los clientes se queden un ratito más, por lo menos hasta que escampe. Al igual que yo, muchos tampoco han traído paraguas. Ahora mismo sólo queda uno de ellos dentro. Acabo de bajar la persiana de cierre hasta la mitad, y cerrado con llave, por si acaso. El que se ha quedado es el chico bohemio. Lleva mirando su taza de café vacío más de una hora.
- Perdona, voy a cerrar. Tendrás que salir por la puerta de atrás.
No responde. Lo intento de nuevo.
- ¿Estás bien?, tienes que irte, yo también me marcho a casa. Mañana podrás venir de nuevo – me da la sensación de estar haciendo de madre.
Sólo consigo que me mire, para después volver a su estado anterior. Este tipo está empezando a darme escalofríos. Voy detrás de la barra y cojo mis pertenencias, me guardo el móvil en el bolsillo por si las moscas.
- ¿Por qué? –por fin habla. Pero podría ser un poquito más claro, ¿no?
- ¿Cómo?
- ¿Por qué? -¿por qué qué?
- ¿Por eres tan amable?
Siempre me ha gustado estos jueguecitos, pero a la inversa: ser yo quien pregunte.
- Porque soy así.
- ¿Y por qué eres así? –está empezando a sacarme de quicio.
- ¿Y tú por qué estás así?
Mira de nuevo la taza. Estas frases tienen un trasfondo impresionante. Está deseando que le hablen, se le puede ver en la cara, y también que alguien le diga que todo va a ir bien. Me siento a su lado y miro también la taza. En el fondo parecen estar todas las respuestas, esperando que las descifremos.
Fuera sigue lloviendo, pero ahora no me importa esperar.