Fragmento #21 - Día de perros

Miércoles, 14 de abril 2010
En Sevilla

Está sonando el despertador. Qué pocas ganas de levantarse para ir a clase. Y encima hace un día de perros. Sigue lloviendo, no ha parado desde anoche, algo raro para ser Sevilla. Desde anoche… anoche… Me visto y desayuno una tostada y un zumo antes de tirar para la facultad para ocupar mi mente, que ya me conozco.
Ese chico es muy enigmático. Cualquier tío en lugar de hablar habría intentado meter cuello, sobre todo estando los dos solos en el café. Esta tarde seguro que está allí. Pero ahora no es momento para pensar en eso, sino de concentrarse en el tráfico de locos y el atasco que hay montado entre el Prado y la Palmera-Las Delicias. Éste que cruza, aquel que se mete a lo bestia… los sevillanos conducen como el culo. Y ni que decir tiene los chulos de turno con el coche tuneado y la música flamenquita o pura discoteca a las ocho de la mañana. Luego están los taxistas, que no hacen caso al locutor de radio de la Kiss y se pasa los intermitentes por donde todos sabemos. Por último, están los noveles, que entre que se les cala el coche y que van a menos de 50Km/hora, empeoran aún más la situación. Todos hemos sido noveles, y me dan pena, pero en las autoescuelas se va al límite de velocidad. Si a esto le añadimos la lluvia que cae, el suelo resbaloso por la grasa y los policías locales, ya tenemos la entrada para la sesión de circo matutino en la red viaria sevillana.
El nudo no se deshace hasta barqueta, donde se forma otro pequeño atasco que pasa rápidamente. Consigo, por fin, llegar a mi facultad.
En el aparcamiento, al lado de donde he aparcado hay un flamante volvo rojo, con alguien dentro. Gloria baja de su interior a la misma vez que yo. Coche nuevo. Intenta hablar conmigo, pero desvío la mirada, cierro mi pequeño Mini y enfilo hacia el paso de cebra que lleva hasta la puerta de mi facultad. ¿Qué más falta para que sea peor el día? En respuesta, un autobús pasa por delante de mí, antes de que alcance el paso y me salpica de agua de arriba abajo. Éramos pocos y parió la abuela.