Fragmento #23 - Café amargo

Viernes, 16 de abril 2010
En Sevilla

Es la segunda noche que me quedo a solas con el chico bohemio, según él poeta desencantado. Me sonríe mientras se bebe otro café. Esta noche dudo que duerma mucho. Ya lleva tres en el rato que ha estado aquí, que no ha sido más de tres horas. Ya no está tan callado ni ausente, pero sus ojos siguen dejando ver tristeza.
- ¿Por qué estás tan seria?
- ¿Por qué lo estás tú?
- Yo he preguntado primero
- Porque tú también estás serio
- Mientes muy mal
- ¿Tú qué sabrás? Todo el mundo se traga lo que diga sin rechistar. Me ven cara de santa.
- Entonces, ¿por qué estás seria? ¿o podría decir apagada? -venga, mete el dedito en la llaga.
- No me apetece hablar de ello –me mira- ¿qué?
- Estás más guapa cuando no te pones esa máscara –me ha calado, mejor hacerse un poco la remolona.
- ¿Qué máscara?
- ¿Es por la tía esa que estuvo aquí ayer?
- ¿Me espías o qué?
- No, es que sólo habló contigo y salió echando humo. Además, hablaba demasiado alto.
Miro hacia abajo, a la mesa. La fachada se va viniendo abajo con cada palabra que dice.
- La vida no es siempre rosa, ni siquiera para los ángeles como tú –me pone una mano sobre las mías.
No puedo decir más, hago lo posible por aguantarme, no debo llorar delante de él. Siempre he sido fuerte, o por lo menos lo aparentaba… Pero he llegado a mi límite. Sin decir nada, mueve su silla hacia la mía y nos abrazamos en silencio