Fragmento #24 - Canon di Pachelbel

Sábado, 17 de abril 2010
En Sevilla


“A la misma hora de siempre, pero esta vez uno doble”
Tenía una caligrafía algo desordenada, pero había algo que las mantenía en armonía. Ese orden dentro del caos. Sabía de quién era. En más de una ocasión había visto los escritos que tenía desparramados en la mesa mientras le servía el café.
Guardo la nota en el bolsillo del pantalón y subo la reja de metal. Esta tarde hace más frío que días atrás. Preparo las mesas y las sillas, friego un poco el suelo y limpio el trocito de barra. Ayer no tenía cuerpo, así que lo dejé todo un poco desordenado.
Pongo algo de música mientras espero a los clientes. Una melodía muy dulce sale por los altavoces. La conozco muy bien. Una vez la llegué a interpretar con la flauta en el colegio, en una representación por el día de nuestra fundadora, algo muy típico en los colegios de monjas. La subo un poquito más y me coloco bien la camisa. Dicen que la música amansa a las bestias y te puede hacer cambiar de estado de ánimo en menos de cinco minutos. Lleva razón. Ahora tengo ganas de que llegue la hora de cerrar pero sé que la tarde va a ser agradable, y no insoportable como creía.

A medida que avanza la tarde, el número de piezas clásicas aumenta en el ordenador. El café tiene red de internet propia, de donde saco la mayoría de canciones que suenan, porque el anterior camarero tenía un repertorio muy reducido. Espero que los clientes estén contentos con el cambio.

Cuando llega la hora de cerrar, bajo hasta la mitad la reja metálica. Le doy al play en el reproductor de Windows y suena de nuevo el Canon. En lugar de quedarse sentado, me coge por la cintura con un brazo y me agarra una mano con el otro. Entonces, el café comienza a dar vueltas y de mi boca sale algo parecido a la risa. Sin darme cuenta, estamos riéndonos y disfrutando de un vals muy mal bailado, o lo que quiera que esto sea. Cuando acaba mi pieza favorita, le sigue otra muy famosa de Beethoven, con voz incluida. Ese canto a la alegría unido a la compañía de este chico, del que aún no sé el nombre, hacen una de las noches más deliciosas de los últimos años.