Fragmento #25 - Con la sonrisa puesta

Lunes , 19 de abril 2010
En Sevilla

Aún me duelen los pies de bailar de puntillas. Aún resuena en mi cabeza el Canon, Para Elisa, el Himno de la Alegría, el Lago de los Cisnes… y todas las piezas que, se prestaran a ello o no, bailamos hace dos noches. He madrugado un poco para darme una ducha antes de ir a la facultad a cumplir con mis obligaciones de buena estudiante. He pensado en agregarme a otro grupo de clase, pues siempre he estado con Gloria, pero ahora… Bueno, así conoceré mejor a los demás, excepto a Miss Pasarela y a los Divos. Con esos dos grupos ni muerta. Me caliento un buen tazón de leche y vuelvo los últimos copos de cereales que me quedan. Ya me queda menos para mi próximo sueldo. ¡Por fin dinerito fresco! En cuanto lo hagan haré una visita al supermercado. Necesito comprar bastantes víveres, porque he acabado con casi todos ellos. A cambio de racionar un poco y no derrochar en tonterías tengo algo ahorrado. No es mucho, sólo son 50 euritos, pero vienen muy bien. Por suerte, me han pagado el piso y el coche, sólo tengo que abonar la luz y el agua, que para una sola persona no es mucho. Así que no soy tan desastre y consigo sobrevivir.

Bajo al garaje y cojo el coche. Enfilo hacia el Prado que me lleva hasta la avenida de la Palmera en su último tramo. Esta tarde espero volver a ver al poeta. Me gusta mucho su compañía. Tan pronto me hace reír como hace que me sumerja en un espacio totalmente diferente, donde sólo importan lo que perciban los sentidos y lo que expresan las palabras. Es cierto que en algunos temas no pensamos lo mismo, pero de momento no hemos tenido ninguna discusión por ello. Tampoco es que llevemos mucho tiempo hablando. El semáforo cambia de color y el claxon del de atrás me saca del ensimismamiento. Pero me da igual, que pite, que pite, que se enfade, que hoy no me agria nada el día. Y meto la primera con una sonrisa en los labios.