Fragmento #27 - ¿A, B, o C?

Viernes, 23 de abril 2010
En Sevilla

Hacía varios días que el chico-poeta no se pasaba por el café. Ya creía que tendría que ver con algo que le dije y que le hubiera herido, pero hoy vuelve a estar ahí sentado, con una mano en la cabeza y otra agarrando un bolígrafo del que muerde la punta. Está ausente, pero no triste. Es un poco raro, pero, ¿quién no lo es en estos tiempos? Parece que se le ha ocurrido algo y escribe en uno de los folios que hay sobre su mesa. Mira varias veces hacia algo que hay enfrente de él y que es invisible al resto de los mortales. Baja la cabeza y vuelve a escribir. Podría estar horas observándolo. Me fascina. Además tiene su toque de misterio bohemio que le da su punto. Me acerco después de pasar por otra mesa a retirar unas tazas.
- Perdona, ¿necesitas algo? –intento echar un vistazo a sus papeles mientras le recojo el vaso
- N-no. Bueno, s-sí. ¿A qué se te asemeja una golondrina cuando vuela?
- Pues…-he de admitir que, como siempre, me coge desprevenida- a algo elegante, ágil, rápido… no sé… ¿y a ti?
- A la inocencia.
- ¿A la inocencia?
- Sí. Ponme otro, por favor. Cuando acabe, te dejaré que lo leas.
- Si lo sabías, ¿por qué me has preguntado? –no está bien que una camarera hable con un cliente tanto tiempo, pero me puede la curiosidad.
- Cuando cierres te contestaré.
De nuevo estoy fuera de juego. Me limito a servirle otro café y a esperar que requieran mis servicios detrás de la barra. Así que, si ha dicho que cuando cierre, entonces, volveremos a quedarnos charlando un rato como las otras tardes. Si es así, se puede deducir que no está enfadado conmigo, lo que nos lleva a que se ha ausentado por otros motivos. Ahora, ¿cuáles serán? ¿Tendrá otra chica? ¿Sólo pretende ser amable conmigo o hay algo más? De ser así, le estaría poniendo los cuernos a su novia. Y ella podría venir en cualquier momento y liarme una buena si se entera.
Me tienen que llamar dos veces para sacarme de mi burbuja. No tiene sentido, pero no puedo evitar preocuparme mientras pienso en todo lo que no sé de mi cliente más agradable y original. Pero quedaría descortés asediarle con todos estos por qués. Nunca estaré tranquila, siempre he sido y seré la niña de las preguntas. Y lejos de avergonzarme, me esfuerzo por saber. Por saberlo todo, aunque sea imposible de abarcar. Y aunque haya respuestas que me duelan, tengo que conocer el mundo que le rodea, porque siento que esta vez hay algo más que una a) o b): hay una c).