Fragmento #28 - Papel doblado

Martes, 27 de abril 2010
En Sevilla

Las ocho de la mañana. Esta noche apenas he dormido. El despertador suena y no alcanzo a pararlo. Lo he dejado lejos para obligarme a levantarme de la cama, y así me espabilo en el trayecto. Pero hoy voy a necesitar una grúa que me haga salir de entre las sábanas. El pi-pi-pi me taladra los oídos. Creo que ya es hora de que lo apague. Arrastrando los pies me dirijo al escritorio, enfrente de la cama. Encima de éste encuentro un papel doblado. ¿Qué era? Me suena mucho. Lo dejo en su sitio, ya lo leeré cuando le dé de comer a las fieras que tengo en el estómago y que rugen como unas condenadas. Pongo rumbo a la cocina.

Después de reponer fuerzas, lavarme y vestirme, cojo los apuntes del escritorio, y caigo de nuevo en el papel, que había dejado esperando desde que me levanté. Lo desdoblo, gesto que sé que he repetido en varias ocasiones, pero que no recuerdo con exactitud. Una frase serpentea por el papel, retorciéndose y estirándose. Es el papel que me prometió el chico poeta, y que hasta ayer no quiso dármelo. Lo vuelo a doblar y lo guardo en el bolsillo de la blazer. Cojo además las llaves del coche y pongo rumbo a la Expo. Allí me espera un curso de libre configuración y horas de conferencias. Al menos tengo la esperanza de poder estudiar durante alguna de ellas.
No conozco a nadie, pero hago por integrarme un poco en el ambiente preguntando si es allí donde se da el curso, aunque lo sepa de sobra. Me responde una muchacha, y al poco veo un par de compañeros de clase que también han asistido. Ya tengo grupo durante el curso. Además, así hago amigos, que ando algo falta de ellos en el ambiente universitario.

Intento retomar mi vida de estudiante normal, simpática y amigable, responsable. Hasta ahora parece que lo he ido consiguiendo.
Intento concentrarme en las conferencias, pero es casi imposible, sobre todo después de comer. Un sopor se va apoderando de mí mientras lucho por mantenerme despierta. Desde este momento, una frase viene a mi cabeza y ya no me abandona toda la tarde. La conferencia es insufrible, y cada vez me es más difícil mantener los ojos abiertos. Sueño con un papel doblado.

"El inocente vuelo de la golondrina que se posa sobre tu hombro desnudo, mientras mueves tus ágiles piernas, te envía mi mensaje"