Fragmento #30 - El cuaderno en la puerta

Domingo, 2 de mayo 2010
En Sevilla

El día se ha despertado feo. Está nublado y húmedo. Había pensado salir a dar una vuelta por el parque, pero mejor esperaré a ver si se levanta un poco. Mientras tanto, enciendo el portátil y veo el correo. Tengo que hacer limpieza en la bandeja de entrada, hay varios correos sin leer y mucha basura de esos que van en cadena. El primero… no, no me interesa. El segundo, un anuncio de fotodepilación… ahora no tengo suficientes fondos, así que a la papelera. El tercero, un libro nuevo, de Dan Brown. Tampoco, no voy a ir hoy a la Casa del Libro, y si lo hiciera me encerrarían entre barrotes. El último por abrir, de una chica del grupo de la pareja con la que me senté en el curso. Vaya, sólo me pide unos apuntes. No hay nada interesante. Del Tuenti paso, no hay más que cotillas ahí dentro, y yo no soy de esas. Así que, ¿qué hago ahora? Estoy más aburrida que una ostra. No puedo bajarme al café porque ni es por la tarde ni es un día cualquiera. No, hoy tenía que ser domingo y por la mañana. Además, mejor que deje de pensar de una vez en el café o me volveré loca. Ya te dijo la última vez que no estaba enfadado cuando no vino, así que no saques las cosas de quicio, Carla. Pero, se me olvidó preguntarle por la novia… Definitivamente, es mejor no darle más vueltas. Aunque, estoy demasiado inquieta y necesito desahogarme con alguien, que me dé algunas respuestas.

-Dlingdlong –el timbre me produce escalofríos. Se parece al que sale en las pelis de miedo.
Miro por la mirilla. Joder, no hay nadie. Qué mal rollo me da esto. Pero no creo que un fantasma pueda tocar un timbre… ¿o sí? Bueno, si lo hubiera, lo estaría viendo ahora mismo a través del cristalito redondo, pero ahí no hay absolutamente nada. ¿Abro o no abro? Total, si no hay nadie, qué más da que hayan llamado… Pero la curiosidad me está matando. Da igual, abro.
-Aaaayyy
Vaya susto, quien quiera que sea el gracioso que la ha puesto se va a enterar. Hay una bolsa en el pomo decorativo que hay por fuera de la puerta. Hay un… ¿cuaderno? Seguro que algún chiquillo ha hecho alguna de las suyas. A ver de quién es, porque supongo que serán los deberes y los ha dejado aquí para no hacerlos. Estos niños de hoy día… Está vacío. Qué raro. Espera, hay algo en la primera hoja. Está escrito a mano, en rojo, y con una caligrafía muy bonita, que no reconozco: “Lléname”. Resulta algo gracioso, “lléname”. Bueno, pues le haremos caso al cuaderno. Ahora viene la pregunta más difícil ¿con qué?

Las tapas son muy bonitas, duras y con pequeñas florecitas. He visto este tipo de cuadernos en algunas papelerías. Mis diarios eran parecidos. Mis pequeños tesoros, que un día encontré al lado del contenedor de vuelta a casa del colegio. Recuerdo a mi madre gritándome que nunca llegaría ser escritora ni periodista que estudiaría derecho, y montaría un bufete, el mejor de la ciudad. Fue la primera vez que mi hermana me ayudó, y después de llorar a lágrima viva durante una hora, bajamos y recogimos los diarios, escondiéndolos en un rincón del desván, donde ya nadie buscaba. Deben seguir allí. Cuando vuelva a casa de visita, subiré a buscarlos. Mientras tanto… podría comenzar uno nuevo en este cuaderno, algo así como un blog pero en papel. Por algo se empieza. Voy a buscar un boli bonito que haga juego con las tapas. Quienquiera que sea, me ha hecho un gran favor. Ya había olvidado algo que era parte de mí, y me alegro de volver a cogerle el gusto a la escritura, sobre todo después de aquello. Ahora ya no hay nadie que me lo impida ni tengo que hacerlo a escondidas, así que ¡manos a la obra!