Fragmento #33 - Taller literario

Jueves, 6 de mayo 2010
En Sevilla

Bien, ha venido gente. Aunque algunos sean clientes habituales, han decidido unirse. Y mira por dónde también han venido algunos que no había visto nunca. Parece que los carteles han hecho surtido efecto. Uno, dos, tres… cinco caras nuevas. Bueno, tampoco esperaba que se fuera a llenar. En fin, llega el gran momento. Tranquilízate, Carla, o la cagarás. Es la hora de presentar al chico poeta. Después, pasaré a observarlos desde la barra. Hay una chica allí sentada que no me va a dejar estar todo lo atenta que quisiera. Empecemos pues.
- Bienvenidos todos. Éste es el primer taller de literatura. Espero que compartan una buena velada. En primer lugar leerá… eh… él… Muchas gracias.
Y el chico sigue sin decir su nombre. Esto ya pasa de castaño a oscuro. Encima, la chica de la barra no se mueve. Nada, habrá que atenderla. No esperes que esté muy amigable, mona.
- Buenas, ¿qué va ser?
- Mmmm... Ponme un vodka con limón -¿te crees que esto es un pub? Es un local muy decente.
- Lo siento, pero no servimos cubatas.
- ¿No servís nada con alcohol?
- Sólo ron, whisky o Bayleys –y sólo para los cafés.
- Bueno, ponme un café con Bayleys.
- Entonces, un irlandés, ¿no?
- Sí -monada, trata bien a quien te va a servir el café, o acabará encima de tu bonito conjunto como por accidente.
-¿Desea un dulce?
- No, gracias.
Esta chica me está sacando de mis casillas. Y la tía sigue leyendo, no me mira siquiera para responder. Qué maleducada.
- ¿No le interesa el taller?
- No, no. Sólo vengo de acompañante –que esto no es una secta, eh.
- Podría probar, ya que está aquí.
- No me interesa la literatura –eso, tú hazte la indiferente.
- Pero ya veo que sí la prensa basura –al menos Glamour sólo vende ropa, no chismes.
- Para leer el Cosmopolitan no hace falta tomar opiáceos, que es lo que se necesita para meterse en un corrillo de esos.
- ¿Usted cree?
- Sí, porque si no, es algo infumable
- Ya suponía que quienes leen esa revista no pueden apreciar algo más allá de su propio ombligo –chúpate esa.
- Mira, camarerita de segunda, ya puedes decir misa, que el cliente siempre lleva la razón y si yo digo que el Cosmopolitan es la Biblia, es también tu Biblia.
Mierda, he perdido. Mejor me pongo a limpiar la barra.
-¿Desea algo más?
- No, nada más.

Por su culpa no he podido entérame de cómo se llama mi gran chico poeta. Lo miro y me devuelve una sonrisa. No te lo perdonaré, mona.


*Crossover con el fragmento #148 de Diana