Fragmento #35 - Boys don't cry

Lunes (madrugada) 10 de mayo 2010
En Sevilla

- Ha sido precioso, Diego.
No responde. Tiene la mirada perdida. Mira a través del cristal de la terraza.
- ¿Diego?
Paso una mano delante de sus ojos. Como un autómata me la coge y ahora me mira a mí: está llorando. ¿Llorando? ¿Un hombre hecho y derecho llorando?
- Lo siento –dice.
- ¿Qué? N-no pasa nada -¿y ahora qué hago? ¿Le doy una palmadita en la espalda diciendo que todo está bien, lo abrazo?
De repente, me abraza sollozando, se acurruca debajo de mi cuello, como un niño pequeño. De nuevo, no sé qué hacer, así que me limito a abrazarlo yo también. Le paso una mano por el pelo, que ya está seco. Son las dos de la mañana. Llevamos más de cuatro horas sentados en el suelo leyendo poemas e imaginando mundos de fantasía. Está siendo un día de lo más raro. Bueno, esto forma ya parte de otro día, pero para las personas, esta distinción no existe, el tiempo es seguido, no hay salto entre un día y otro. Para mí, es una continuación del día de ayer, que ha acabado tan solo hace dos horas. Pero qué más da eso ahora. Tengo a un hombre llorando en mi regazo, estamos abrazados y lo acuno como si fuera un bebé. Sin saber por qué, yo también empiezo a llorar.
- Carla, dime una cosa
- ¿Qué?
- ¿Por qué me ayudas?
Las palabras salen solas de mi boca, sin darme tiempo a pensar.
- Porque eres mi amigo… -en realidad, es así, pero ¿es sólo eso?-...y porque… porque quiero.
Me mira. No sé si espera que le diga algo más.
- Gracias –vuelve a meter la cabeza en el hueco donde la tenía.
Noto que la presión cede, y al mirarlo veo que se está durmiendo.
- Diego, vamos a dormir.
- No, no tengo sueño.
- No te voy a soltar. Podemos seguir así en la cama -¿pero qué digo?
- Vale.
En fin, tendremos que dormir juntos. “Carla, tonta. ¿De verdad quieres meterte en la cama con este hombre?” La otra parte de mi conciencia me dice que no va a pasar nada. ¿A cuál de las dos le hago caso? Lo miro. Me parece un niño al que le han robado la inocencia. “Carla, actúa de una vez” me grita la otra parte. No voy a hacerle caso a la vieja Carla, a la mierda las formas y las palabras.
- Vamos, arriba Diego -vaya, cómo pesa-. Venga, que la cama está a dos pasos.
No sé cómo pero hemos conseguido meternos entre las sábanas y el pluma. Diego sigue abrazado a mí y no me suelta. Le revuelvo el pelo, me encanta su tacto.
- Eres mi ángel, te adoro –dice.
Lo miro pero ya se ha dormido. Lo aprieto aún más contra mi pecho.
- Y yo a ti, Diego, y yo a ti.