Fragmento #47 - Intentos frustrados

Martes, 1 de junio 2010
En Sevilla

Llevo una semana que no consigo concentrarme. Entre el buen tiempo que ya hace por las tardes, el tinto del mediodía, y las mañanitas en las que te dan ganas de no levantarte y vas acarreando durante todo el día el sueño, no hay forma posible de estudiar. Las neuronas no están por la labor de transmitirse esas pequeñas descargas eléctricas que hacen funcionar el cerebro, que parece estar hecho de aceite.
Tengo delante de mí un tocho de apuntes que más parecen de psicología que de periodismo. Pero hay que hacer de tripas corazón y meterte en la cabeza cómo y por qué pensaban los intelectuales del siglo pasado viendo cómo los yogurines del quinto se tiran de cabeza a la piscina, o los niños juegan con sus flotadores. Venga, Carla, cuanto antes te lo aprendas, antes estarás libre y disfrutando de tus vacaciones, que por otra parte me da la impresión de que van a ser muy cortas.
Son las ocho y media de la tarde y sólo llevo cuatro páginas. No avanzo nada. Voy a la nevera a por un Nestea, a ver si se oxigena el cerebro y se rejuvenecen las células. Otra tarde más tirada a la papelera. Intentemos de nuevo concentrarnos en Darwin y su influencia en el pensamiento político de su época.

Las once. Se acabó por hoy. En estos momentos echo de menos la compañía de otro ser humano aunque sea con un mínimo de conversación en el piso. Las plantas no son aptas para el diálogo. Voy a arreglarme y dar una vuelta para despejarme. Cambio el moño de estudio por unas horquillas y los shorts por una falda. Lista. Los apuntes se quedan desparramados encima de la mesa del salón. Necesito aire fresco. A saber cómo serán las cosas cuando llegue Bolonia, así que hay que aprovechar mientras se pueda.