Fragmento #42 - Pensando en pensar

Jueves, 20 de mayo 2010
En Sevilla

Ya han pasado tres días desde el recital de Diego. No sé si son imaginaciones mías o uno de sus poemas hablaba de mí. Estoy en la facultad, pero mi cabeza se ha ido muy lejos. Se ha quedado en la noche del lunes. Lo que no termina de cuadrarme es que nos despedimos normal, nada especial. Igual son cosas mías, pero desde ese día no dejo de darle vueltas a todo esto, sobre todo ahora, incapaz de mantener la atención más de cinco minutos seguidos en las explicaciones de la sita.
- Psst, Carla.
Luis me llama bajito desde la otra punta de la fila. Como si creyera que la profesora no se va a coscar…
- ¿Qué quieres?
- ¿Dónde está tu bar?
- ¿Mi bar?
- Sí, ese en el que trabajas
¿Bar? No, no es un vulgar bar, es un café, con un gran encanto, donde se sirve algo más que un cortado. Pero ese punto no es para discutirlo ahora, porque la profesora nos está echando una mirada asesina, de esas que ya no te acuerdas ni de respirar. Mejor le escribo la respuesta en un trocito de papel.
- “Está en el Nervión, detrás de la calle del MAS, esa que tiene un nombre tan raro que ni el que vive en ella se acuerda”
- “¿Cuál? ¿La que tiene un Sloppy en la esquina?”
- “Sí, esa. Pues en la otra esquina tienes el café”
- “¿Cómo se llamaba?”
La diría que para qué quiere saberlo, pero hay que mantener las amistades, no romperlas en los primeros días.
- “White&Black”
- “Vale”
Se ha quedado con el papel. Ya ha sacado toda la información que necesitaba y ahora se limita a mirar a la profesora. Pero no engaña a nadie: seguro que está pensando, en su nube. Esa cara no es de interesado en el tema, sino más bien lo contrario. Nerea nos mira a los dos y se ríe. Vaya con la panda con la que me he ido a juntar.
Con esto de las notitas ya he perdido la poca concentración que tenía, así que no consigo hacer otra cosa que fijarme en el extraño modelito que lleva nuestra docente que parece la hermana mayor de Belén Esteban: leggins negros, y por arriba lleva un chaleco, también negro, ajustado, que le llega a la altura de sus posaderas y de unas (todo hay que decirlo) bonitas y cuidadas piernas. Se nota que esta mujer hace fitness, step o algo parecido. Debajo del chaleco negro lleva puesto otro de color fucsia, que hace contraste con su rubio de bote. Le falta la bolsa de deporte y podría ir directamente al gimnasio que está detrás de la facultad de Ingenieros. Me gustaría saber si el tiempo que no invierte preparando la clase es porque está allí, pues no es que estemos delante de un buen espécimen de la enseñanza. Así cómo quiere que sus alumnos estén más atentos en clase. Estas dos horas de sufrimiento se invierten en algo más productivo como es la estructuración de las ideas en la mente. O lo que es lo mismo, estar en la parra en el argot de los estudiantes. Y como hoy día en una sociedad como la nuestra pensar no hace daño, la hora y cuarto que aún queda de clase la invertiré en eso. Porque Diego, el café y muchas otras cosas son más interesantes y necesitan de mi atención más que la cuarentona de turno.