Fragmento #44 - La primavera la sangre altera

Sábado, 22 de mayo de 2010
En Sevilla

Estoy celebrando lo que queda de primavera con Diego, sentados en el césped de la orilla derecha del río y tomando un par de cervezas. El tiempo acompaña, está nublado pero no llueve y hace el calorcito típico de las tardes de mayo. Él toca la guitarra y yo lo escucho embobada. La estación del amor está dejando sentir su influjo, porque hay muchas parejas en la zona. Físicamente no es el príncipe azul con el que había soñado desde pequeña: no es excesivamente alto, no tiene ojos azules, aunque sí es moreno y blanquito de piel. Pero sabe poesía, y es romántico.
- ¡Eh, Carla!
Hala, Luis y Nerea también están por aquí. Si él no me hubiera afirmado un día en clase que es gay, diría que es un hetero amanerado, incluso podría ser la pareja de Nerea.
- Hola chicos.
Diego ha dejado de tocar.
- Os presento a Diego, mi…
- Su novio –vaya sorpresa, vamos por buen camino.
- Qué calladito te lo tenías, eh.
- Jajaja, es que… hace poco que…
Nerea nos mira, divertida, pero la cara de Luis ha cambiado tres veces de color, por lo menos. Intenta tirar de mi amiga.
- Nerea, se nos hace tarde.
- Bueno, Carlita, ya hablamos –me guiña un ojo. La que me espera…
- Adiós, parejita.
¿Y ese rin tintín? ¿Qué mosca le ha picado a éste? La primavera le ha alterado la sangre. Vaya, ya me ha aguado la tarde, con lo bien que estaba hasta hace cinco minutos.
- Diego, vamos a dar una vuelta
A ver si así se me airea la cabeza. Este chico me ha dejado muy preocupada. Diego me mira, estoy segura de que se ha dado cuenta de que pasa algo, pero como se limita a coger la guitarra y se levanta de un salto. Me coge de la mano y me saca de allí y de mis pensamientos con un beso.