Fragmento #46 - Caramel

Martes, 25 de mayo de 2010
En Sevilla

Es el segundo día de maratón que hacemos para terminar el trabajo, y de nuevo estamos los tres componentes del equipo sentados en el salón de mi casa, cada cual a lo suyo. Tenemos cansancio acumulado y no hemos dormido bien esta noche. Ahora no sirve de nada lamentarse por no haber ido entregando a tiempo los géneros en lugar de decantarse por dárselo a la profesora en una sola entrega final. “Porque así tenemos más tiempo” dijo Nerea en su momento. Al ser nueva no quise contradecirla, pero ahora caigo por qué Luis me miró como si yo estuviera loca o fuera una insensata.
- ¿Cómo vas, Carla?
- Bueeeno, últimos retoques.
Miré por encima del portátil y ví que Nerea arrugaba la nariz. Miró de reojo a Luis, quien estaba totalmente sumergido en la afanosa tarea de corregir filetes, corondeles y espacios en blanco, para que todos tuvieran la misma medida.

Al cabo de media hora, suelta un grito. Eso no puede ser buena señal...
- Aaaaaaaaaaaahhhhhhhh
- ¿Qué? ¿qué? -Nerea se abalanza sobre su ordenador, con la cara descompuesta.
- ¡Se acabó!
- Por fin...
Es lo único que sé decir en este momento. Me dejo caer hacia atrás en el sofá y dejo el ordenador a un lado. Nerea y Luis se ponen a saltar abrazados. Menos mal que los vecinos de abajo estarán trabajando y es de día, que si no...
- Vamos, únete Carla.
Me sacan de un tirón y me pongo a hacer el ganso con ellos. Pues no está mal para descargar los músculos agarrotados.
- Bueno, ¿y ahora qué?
- Lo primero es lo primero -Luis enseña un cd virgen. Grabamos el trabajo, por si acaso, y lo pasamos a un pen drive para imprimirlo en la copistería.
- Esto hay que celebrarlo.
Nerea se va a la cocina y rebusca hasta que encuentra media botella de vodka caramelo en uno de los muebles. Celebración por todo lo alto, ¡sí señor! Luis coge la botella el primero y se la echa a pecho, pero Nerea se la quita de un tirón y bebe ella. Yo... hago lo mismo. La euforia nos ha embargado. Se dejan caer en el sofá, uno a cada lado mía.
- No deberíamos beber tanto y tan rápido, la borrachera va a ser monumental... -les advierto.
- Bah, qué más da, ya no hay que hacer nada más.
- Muy bien, Luisito, bien dicho.
- Desmelénate, toma -me pasa la botella.
Hummm... ¿qué puede pasar? Estoy en casa, no tengo que ir a ningún sitio, me han dejado tres semanas libres para que pueda estudiar sin problemas. Las van a utilizar para reformar el local, comprar sillas nuevas, adecentar un poco la barra y alguna cosilla más. Después de todo, el dueño es muy generoso. así que empino la botella y dejo que el vodka dulzón me queme y llegue ardiendo hasta el estómago. Nos miramos y rompemos a reír. Sin preocupaciones, sin agobios, con exámenes a la vuelta de la esquina pero sintiéndonos eufóricos, vivos. Eso es algo en lo que se pensará más tarde. De momento, esto es una gozada.