Fragmento #50 - Saturday Night Fever

Domingo (madrugada), 27 de junio 2010
En Costa Ballena

- ¿Estás segura?
- Sí, muy segura -eso creo.
- Deberías ponerte boca abajo, te sentirás mejor.
- No, que así duele más.
- Oye, estás muy caliente...
- ¿Hasta ahora no te das cuenta, Diego?
- Estás hasta temblando. Creo que deberías darte una ducha fría, te sentará bien.
Es lo que me hacía mi tata cuando pequeña tenía mucha fiebre. Igual no es tan mala idea. El termómetro ha pitado: 39,1. Mierda, me ha subido otra vez. Menuda insolación he pillado. Y todo por culpa de Diego, que ni se dio cuenta de la hora que era y me he pegado más de tres horas sobando a pleno sol, sin sombrero, cuando más incide sobre la Tierra. Con el cansancio acumulado, he dormido del tirón.Ya ni ganas de comer tengo. Siempre he sido muy sensible y por miedo a que me pasara, desde pequeña me refugiaba a la sombra entre las 2 y las 4 de la tarde, por lo menos, cuando me iba a casa a comer. Y claro, como no estoy acostumbrada, ¡zas!, insolación al canto y roja como un cangrejito. Dios, cómo me duele la cabeza. ¿Cómo puede llevarse la gente horas y horas vuelta y vuelta al sol? ay ay ay, qué fatiga me está entrando...
- Diego, llévame al baño... rápido.
El pobre... bueno, no sé si es tan pobre, me lleva como puede hasta el váter, donde me desahogo. Y yo que creía que iba a ser un finde idílico en pareja... si lo llego a saber, no vengo, que para el mismo propósito tengo ya mi pisito. Ay, se me viene hasta la última papilla...