Fragmento #51 - La cuarta planta

Viernes, 9 de julio 2010
En Sevilla

Ya va para las dos de la tarde y todavía no se ha dignado a colgar un par de papeles en el tablón. Varios alumnos esperamos sentados en el suelo. Como no salga pronto me voy a desmayar de hambre. Las tripas están empezando a manifestarse. Nada, que voy a tener que comer en el comedor, visto lo visto.
Auch, no puedo apoyarme en la pared. Aún tengo la espalda quemada del fin de semana.
- ¿Todavía no han salido? –otra pobre alma nos hace compañía. Al pobre le caen goterones de sudor por la frente.
- No, y parece que va para largo.
Y tanto. Yo que quería ir a las rebajas… Nerea seguro que está comprando como una posesa mientras yo me quedo aquí. No sé decir que no cuando me piden un favor. He leído que los psicólogos ayudan a personas con este tipo de problema, igual debería probar a ver qué tal…
- Carla, ya viene, ya viene.
Por fin, ya era hora. Como si nos hubiéramos sentado en un cactus, nos levantamos todos corriendo. Algunos ya están celebrándolo. Ojalá que yo también haya aprobado, esta vez me conformo con un 5 “pelao”. A ver… bueno, algo es algo.
- Qué, ¿cómo te ha ido? –Lucas, el chaval de antes, el que sudaba tanto, está detrás de mí.
- Mejor de lo que esperaba, un siete y medio. ¿Y tú?
- Bien, un ocho. Otra que me he quitado. ¿Te ha quedado alguna?
- No, pero esta creía que estaba suspensa. A ti tampoco, ¿no?
- Qué va. – tiene una sonrisa de oreja a oreja.
- Oye, ¿qué haces ahora?
- Irme a mi casa. Tengo que ir a ponerle una velita al santo de mi pueblo para darle las gracias -Vaya… con que santurrón… Bueno, nadie es perfecto- ¿por qué?
- No, por nada, por nada.
- Pues entonces, ¡hasta octubre! –se va moviendo la mano.
- ¡Hasta octubre!
Con razón la cuarta planta es el corredor de la muerte. Si las notas salen más o menos bien, siempre hay algo que te agua el día. El verano no promete mucho en cuanto a juergas con los amigos de la facultad, al menos de momento. Casi todos se van fuera: Me veo con la única compañía de Diego (gran compañía, eso sí). Nerea y Luis se van de vacaciones en un par de semanas y no vuelven hasta que empiecen las clases, una al pueblo de sus abuelos y el otro a la playa con sus padres. Mientras tanto, bajo al comedor más sola que la una.