Fragmento #55 - Amanecer

Domingo (mañana), 18 de julio 2010
En Sevilla

Alguien me está haciendo cosquillitas por la espalda. Me produce escalofríos, pese a estar en verano. Noto las sábanas enrolladas entre mis piernas.
- Buenos días, princesa.
Me desperezo y al volverme encuentro la cara de Diego, mirándome, sonriente.
- Buenos días, mi poeta.
Recorre mi cuello con su mano, bajando cada vez más. Llega hasta el pecho, donde se detiene a juguetear. Ahora me doy cuenta que sigo desnuda, encima de la cama, y que he pasado la noche con Diego.
- ¿Quieres desayunar? -le pregunto.
- Sí.
Intento levantarme, pero me sujeta por la muñeca y me atrae hacia sí.
- A ti.
Caigo de nuevo en la cama, estoy perdida. No puedo resistirme y nuevamente me dejo llevar.

Ya ha pasado un buen rato. Mis tripas gruñen de hambre. Necesito comida, creo que he quemado todas las reservas que tiene el cuerpo.
- ¿Dónde vas?
- A la cocina, tengo hambre.
- ¿Puedo ducharme?
- Claro que sí.
- Vuelvo en cinco minutos -me da un beso y salta de la cama.
Me pongo una camisola ancha, que me cubre hasta medio muslo, y empiezo a hacer el desayuno. No sabía que esto daba tantísima hambre. Caliento un poco de leche y preparo dos tostadas. Me gusta esto, me gusta hoy, me gusta estar con Diego, me gustaría que todos los días fueran así.