Fragmento #58 - Favores

Viernes, 23 de julio 2010
En Sevilla

- ¡Carla, cariño!
- Eh... hola, mamá.
Ha llegado. Sola. Entra en mi apartamento como una exhalación. Algo quiere, lo presiento.
- Vaya, siempre has demostrado tener buen gusto. Te ha quedado... bonito.
¿Eso me ha sonado a ironía?
- Gracias, mamá. ¿Y bien?
- ¿Y bien qué? ¿No puedo visitar a mi pequeña niña cuando me apetece?
- Hombre, a las cuatro y media de la tarde de un viernes de verano en Sevilla, pues me parece extraño, la verdad.
- Vamos, dame un abrazo y deja de pensar tanto.
La abrazo y me despego enseguida. Aquí me huele a chamusquina.
- ¿Te importaría decirme para qué has venido?
- Quería merendar contigo... y hablar. Tengo muchas cosas que contarte.
Preparo un té helado y al cabo de un rato mi madre está sentada enfrente y hablando como una cotorra.
- Al grano, por favor.
- ¿Puedo pedirte algo, Carla?
- Sí... siempre que sea asequible para mi sueldo.
- No necesito que me compres nada, es otra cosa.
- Tú dirás, entonces.
Titubea un poco antes de hablar de nuevo. Está nerviosa, se frota las manos.
- Dentro de un año se casa tu prima Teresa -mira hacia abajo-. Han enviado la invitación a casa. Venía a... entregártela y a pedirte si podrías llevar acompañante.
¿Qué? Repítelo porque creo que no me he enterado bien.
- Ya sé que no tienes novio -menos mal que todavía no lo sabe, porque si no le da un ataque si se entera de quién es-. Pero podrías traer a algún amigo cercano o... echarte uno, aunque sea para esos días.
- Muy bien, mamá, tú como siempre.
- No es malo. Además, les dije que sí, que tenías un novio guapísimo, inteligente...
- ¡Mamá! Mira, ya hablaremos de esa boda cuando esté más cerca. Ahora tengo que vestirme que en un rato abro el café.
Sí, la estoy echando, y no muy sutilmente. Consigo que se vaya y me dejo caer en el sofá. No es cierto que tenga que abrir. El dueño me ha dado unos días libres. Desde el martes están arreglando las tuberías y han levantado parte de la solería, así que no tengo que ir.

Me tiro en la cama. Con el calor que hace fuera, no tengo ganas de salir. Enciendo el portátil, a ver quién está conectado. Sé de sobra que Diego no, pero supongo que alguna otra persona aburrida como yo sí. Nada más abrir, me salta un mensaje.

De: "Diego"
Asunto: "Tenemos que hablar"

Leo el correo rápido. No puedo creer lo que me está contando, no puede ser verdad...