Fragmento #60 - Algo más, algo menos

Miércoles, 28 de julio 2010
En Sevilla

Me encanta el tacto de su pelo. Lo lleva ni corto ni largo, menos de media melena, pero no lleva greñas. Le revuelvo el flequillo, que le cae cortito sobre la frente. Lo tiene algo rizado e indomable. Mientras él me coge la mano que me queda libre y se la pasa por los labios. Recorre el antebrazo y llega al cuello. Poco a poco va bajando.
-Espera, espera.
-¿Qué pasa? –eso me gustaría saber a mí, que no sé por qué lo he dicho.
-Esto… nada.
-Sigamos pues.
Baja la mano y al tacto, mi abdomen se hunde y se me eriza el vello.
-Diego, ¿me quieres?
-¿Cómo?
-Que si me quieres –no me hagas repetírtelo otra vez, por favor…
-Eso qué más da ahora
-Es muy importante para saber si seguir…
-Sí, sí.
-No lo dices de verdad.
-Vaya, ahora eres psicóloga, o mejor aún Freud.
-¿Qué tiene que ver Freud con todo esto?
-Lo mismo que tu pregunta.
-Pero si hacemos esto es porque me quieres, ¿no?
No responde.
-Diego, necesito saberlo. Para mí no es sexo sin más.
-Te deseo
-Pero desear no es amar –estoy al borde del llanto.
Es el último día que nos vemos. No debería estropearlo, pero hay una vocecita que no consigo acallar, que me lo hace todo más difícil. Me dice que lo único que quería de mí era esto. Me siento en la cama y me visto. Estoy llorando, y eso no es bueno.
- Vete, por favor
- ¿Qué?
- Adiós, Diego.
No veo nada con tanta lágrima, pero escucho cómo abre la puerta y la cierra después. Me duele mucho, pero hay algo en mí que dice que he hecho lo correcto.