Fragmento #71 - ¡Sorpresa!

Jueves, 12 de Agosto 2010
En un edificio de Londres

He llegado. Estoy en Londres, un día y medio después. Delante de la puerta de su edificio. Sólo necesito que me abra. Llevo más de cinco minutos aquí, pegada al telefonillo, con las manos temblando de los nervios y sin atreverme a pulsar su botón. Por suerte sale una mujer mayor y aprovecho para colarme. Me duele la barriga desde hace un buen rato. Consigo llamar a la puerta de su piso. Espero que no me abra ninguno de sus compañeros y diga que no está, o me caigo redonda aquí mismo después de tanta presión.
- ¿Sí?
Es la voz de una chica, detrás de la puerta. Me deja fría, no sé qué responder.
- ¿Hola? ¿Quién es? -ahora lo repite en inglés, por si no lo entendí antes.
- Hola, ¿está Diego?
- ¿Quién es?
La voz parece algo enfadada.
- Soy Carla, su novia.
Entreabre la puerta, y me mira de arriba abajo. Ella va semidesnuda, con una camiseta muy grande y descalza. Es morena y más bajita que yo.
- Creo que no hay ningún Diego aquí. Te has equivocado.
- ¿Quién es Daniela?
Estaba a punto de cerrar la puerta, cuando una voz muy familiar suena por detrás y enseguida se acerca a la puerta, cogiendo a la tal Daniela por detrás y asomándose a la rajita abierta. La cara que pone no tiene precio.
Yo no doy crédito a lo que veo. Siento que las piernas se me dobla y me apoyo en el marco de la puerta. No sé quién de los dos está más blanco.
Giro sobre mis talones y empiezo a bajar las escaleras. Diego me coge por el brazo. Intenta hacerme razonar, habla sobre que estábamos muy lejos y él se sentía solo, que no sabe qué hacer, que esa chica le aporta algo especial, pero realmente mi cerebro no lo procesa. De mis labios consiguen salir dos palabras antes de bajar de dos en dos los escalones hasta la entrada:
- Lo siento.
Corro calle abajo. Está lloviendo, pero no noto la lluvia, la ropa mojada ni el pelo chorreando. Ahora mismo, no siento nada. Sólo vacío. Un vacío que se extiende por dentro, como una niebla, inundando cada rincón de mi cuerpo. Una densa masa gris y espesa se adueña de mi cerebro. No pienso, sólo me concentro en respirar, noto cómo entra y sale el aire de mis pulmones, húmedo, y fresco. Estoy sentada en un banco, en algo que parece ser un parque. Veo anochecer. Entonces me levanto y me voy al hotel. Siento que me miran al entrar, pero me da igual. Voy directa a la ducha, donde siento el agua caliente resbalar. Es uno de esos días que te gustaría olvidar para siempre, no haberte levantado.