Fragmento #72 - Cierro los ojos

Viernes, 13 de agosto 2010
En Sevilla

He regresado a casa. Es extraño, todo está muy tranquilo, hay poca gente por la calle. Vuelvo con las manos vacías y el corazón roto. Algo muy dentro de mí me dice que ya sabía lo que podía pasar, y que es mejor así. Lejos el uno del otro es más fácil de olvidar. O eso dicen. Ahora mismo, estoy molida, exhausta de llorar y del viaje. 

En el contestador hay tres mensajes: los dos primeros son de Luis y Nerea. El tercero es de Diego. Me duele la barriga al escucharlo. Ya no sirven las disculpas. Me da igual que diga que esta chica le inspira mucho, que está con ella porque me echaba de menos a mí, y nos parecemos (según él) tanto... Aún así, no se arrepiente de quedarse en Londres, con ella, y dejar que yo me vuelva sola a España. Tiene lo que quiere, lo demás le importa un comino. Incluso yo. Nunca pensé que pudiera cambiar tan rápido de sentimientos. Estoy muy dolida y enfadada, pero mejor haberlo descubierto ahora, antes de llevar más tiempo juntos y siendo engañada en la distancia.

Deshago la maleta, recojo lo que había dejado en el salón antes de irme corriendo y me tumbo en la cama. Sólo quiero dormir. No sentir. Despertar al cabo de un rato como si hubieran pasado años. Pero no es posible. Los seres humanos estamos condenados por nuestra capacidad de razonamiento a no olvidar, a reflexionar sobre las cosas, los problemas, a angustiarnos por ello. Algo que nos es innato por culpa del desarrollo cerebral que hemos adquirido con el paso de los milenios.

No me molesto ni en quitarme la ropa. Pongo el aire acondicionado y me vuelvo a tumbar. Cierro los ojos fuertemente, muy fuerte. Intento hacer desaparecer de mi mente la imagen de Diego, que permanecen ahí. Él solo, luego conmigo durante esas noches de poesía y placer, luego... él retozando con esa... Abro otra vez los ojos. No, no quiero imaginármelos en la cama, ni cómo el la besa, seguramente de la misma manera que a mí. Intento pensar en otra cosa, pero es imposible. Poco a poco me va venciendo el sueño, hasta que caigo dormida. Entonces, sueño, sueño...