Fragmento #74 - Cristales

Domingo, 22 de agosto de 2010
En Sevilla

- Vamos -dijo Luis arrastrando las palabras y a mí del sofá.
- No tengo ganas de ir.
- Tienes que salir...
¿Para qué? Además, ya iba todos los días a trabajar. ¿Qué más tenía que hacer?
- Déjame aquí, estoy bien y no hace calor.
- No, no estás bien. Y no me voy a ir.
Genial, ahora tendría que aguantarlo en casa, que con su mirada ya me hace sentir mal y es como si me reprochara que se queda aquí por mi culpa.
- Haz lo que quieras, Luis.
Me levanto del sofá, cojo una camiseta y unos shorts limpios y me meto a la ducha. Si quiere quedarse, que haga lo que le de la gana. Pongo un poco de música antes de abrir el grifo. El agua, más bien fría que caliente, chorrea por la cabeza hasta los pies. Me activan la circulación y relajan los músculos, agarrotados de estar hecha una bola en el sofá. A la vez, comienzo a llorar.

Diez minutos más tarde, salgo con una toalla liada en el cuerpo. Maldita sea, se me han olvidado las bragas en el cajón. Salgo de esta guisa, con el pelo mojado goteando un poco sobre los hombros al salón, y de ahí al cuarto. La vergüenza inicial por Luis ha desaparecido, aunque sigo un poco pudorosa, mientras tape las zonas más "personales", está bien. Pero parece que él no. Porque cuando me giro, se le cae un vaso de las manos al suelo y se hace añicos. Entonces, se tira corriendo al suelo, y evidentemente se corta. Y luego, la patosa soy yo...
- Déjalo, ya lo recojo yo -me acerco con la escoba y el recogedor en una mano, las bragas en la otra.
- No, no, no, lo... lo hago yo.
Mirando al suelo me quita la escoba y a mí se me caen las bragas de la mano. Me agacho a recogerlas y en eso se afloja la toalla. Mientras me tapo como puedo, Luis se choca conmigo y cae hacia atrás, clavándose algunos cristalitos más en la mano herida.
- Oh, Dios mío, perdona.
- Esto... no es nada -dice con una mueca de dolor.
Pero sí que es, la sangre empieza a gotear al suelo, y tiene un corte a lo largo del músculo del pulgar.
- Vamos a urgencias.
- En serio, que no es nada, Carla, sólo un cortecito.
- Toma, ponte esto.
Ni siquiera mira qué es hasta que al enrollárselo, lo ajusta metiendo los dedos por una de las aberturas. Cojo unas bragas nuevas, voy al baño, me visto y salgo de nuevo al salón.
- En marcha.