Fragmento #75 - Urgencias

Domingo-Lunes, 23 de agosto 2010
En Sevilla

La una de la madrugada. Más de media hora esperando para que le cosan la herida a Luis. No hay demasiada gente en Sevilla, pero parece que la mitad está aquí en Urgencias. ¿O será por los servicios, que se reducen en verano? Sea lo que sea, llevamos mucho tiempo aquí sentados. Luis me mira, tiene la cara pálida y se sujeta fuerte la mano con mis bragas. Es irónico, por culpa de ellas estamos aquí, y ahora las tiene enrolladas en la mano herida.
- Carla, ¿puedes preguntar en el mostrador si falta mucho para que me llamen?
- Voy.
Apenas he despegado las piernas del asiento de plástico, escucho su nombre por el altavoz de la sala de espera, por fin. El médico en cuestión era "una" médico, bastante atractiva por cierto. Pero todo lo que tenía de guapa, lo tenía de torpe. Después de mirar, quitarle un par de pequeños cristalitos y ponerle una venda con un esparadrapo que le cogía media mano, decidió que lo mejor era ponerle cinco puntos, por lo que tendría que ir a curas. Allí le revisarían si tenía algún otro "objeto extraño" al coser.

Otra media hora más esperando sentados en un pasillo y luego quince minutos, él dentro y yo fuera, mientras le cerraban la herida. Cuando por fin salimos, la palidez había dado paso a un rojo profundo. ¿Era posible que no se hubieran fijado los médicos?
- Eh, Luis, ¿estás bien? ¿Tienes calor?
- ¡Claro que tengo calor, es verano!
¿Y ahora, qué mosca le ha picado a éste?
- Perdona, sí, estoy bien. Sólo vámonos de aquí. y toma, ésto es tuyo.
Me da las bragas, metidas en una pequeña bolsita de plástico y manchadas de sangre. Creía que la médico las había tirado cuando le puso el parche.
- ¿Te importa que me quede a dormir en tu casa? -me dice de repente.
- Sí, digo no, claro que no.
- Se me han olvidado las llaves de casa y mis padres están fuera esta semana...
- Te puedes quedar toda la semana, si quieres.
- Gracias.
Llegamos al coche. Nos montamos en silencio, cada uno pensando en sus cosas. Bueno, igual no está mal tener algo de compañía, y tengo dos semanas de vacaciones, desde el 15 hasta el 31 de agosto. Por lo menos, me sacará de la agonía vespertina en la que suelo caer cada día desde... "eso". Arranco y enfilamos el callejón junto a la vía de tren que separa el barrio de Bami de Las Tres mil Viviendas.