Fragmento #78 - Mint Chocolate

Miércoles, 25 de agosto 2010
En Sevilla

Delicioso. Es pasar la lengua y sentir que se derrite... Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un helado.
Luis y yo, cómo no, estamos sentados debajo del aire acondicionado de una de las heladerías de mi barrio. Ambos estamos de vacaciones, dejamos pasar nuestro tiempo disfrutando de pequeños placeres del día a día. Saco una pequeña libretita y un bolígrafo, que me acompañan a cualquier sitio que vaya. Siento que necesito escribirlo, aunque duela. Garabateo la fecha, y un pensamiento, una sensación. Cada día me encuentro un poco mejor. Al menos, menos anestesiada pese a que eso implica un mayor conocimiento de la situación y del dolor por haber perdido a... Diego.

Miro a Luis, aún con el bolígrafo rozando el papel levemente. No sé por qué, pero me inspira tranquilidad, como esa sensación que experimentas cuando estás con la regla y después de un rato y una pastilla desaparece el dolor lumbar. Serenidad, calma. A la vez que si pienso lo que estoy sintiendo, se me acelera el pulso y punto final a esa calma, paz interior que lo inunda todo. Apunto algo más y cierro la tapa del cuadernito. Antes de que pueda guardarlo, Luis me lo arrebata.

- ¡Eh! Dámelo -intento cogerlo mientras intento que no se me caiga el helado.
- Nop -dice sonriendo.
- Síii...
- Tengo curiosidad por saber qué escribes.
- ¡Es privado! -y tanto.
- Mejor aún -abre por la primera hoja, lee-. Vaya, no está nada mal, ¿eh?
- Vamos, dámelo -nada, que no consigo cogerlo, y no quiero dar el espectáculo en la heladería-. Por favor...
Pasa las hojas hasta llegar a la última que acabo de escribir. La sonrisa traviesa que ha mantenido hasta el momento se transforma, se hace cálida, tierna, por algún motivo, melancólica. Lo cierra con cuidado y me lo extiende.
- Gracias.
- Lo sabes, ¿no?
Lo miro interrogante.
- ¿El qué?
- Que puedes contar conmigo para lo que sea, cuando sea.

Me quedo embobada. El color de sus ojos me tiene hipnotizada, y hoy tienen algo especial, algo... diferente, como una determinación que antes no estaba ahí, eran más inseguros. Consigo articular un pobre y balbuceante "sí", y ahí termina la conversación, concentrándonos durante los siguientes minutos en nuestras respectivas bolas heladas, la suya blanca con pequeñas motitas de marrón, la mía verde también con pequeños puntitos, casi negros. Qué bien nos pueden describir aquellos alimentos que comemos. Él es dulce con momentos muy especiales, como la vainilla con cookies, mientras que yo puedo ser a veces fría como la menta pero con un corazón dulce como el helado de menta con chocolate.