Fragmento #83 - C'est fini

Domingo, 29 de agosto 2010
En Fuente de Cantos

Había pensado en irnos hoy domingo a Sevilla, pero el pueblo extrañamente me retiene. Quizás sea la nostalgia, quizás el miedo a que el embrujo que nos ha hechizado desaparezca y regrese el Luis de siempre. El Luis gay, imposible de alcanzar. Lo que ha pasado entre nosotros, aquí se queda, entre estas sábanas, entre los gruesos muros de piedra de la casita del pueblo. En el pasado.
Esta mañana no hemos vuelto a hacer el amor, Luis me ha detenido amablemente. En lugar de eso, hemos dormido un rato más, acurrucados, él haciéndome cosquillitas, caricias, dibujos, en la espalda hasta que el sueño me ha rendido. Ahora, he despertado y sigo de espaldas a él. Con una mano me acaricia la cabeza, la otra envuelve mis caderas y reposa encima de la mía. No quiero volverme, tengo ganas de llorar, quiero quedarme pasa siempre aquí, que no pase el tiempo.

Me giro y quedo frente a Luis, que me besa dulcemente la frente.
- ¿Por qué no? -le pregunto.
- ¿Sabes lo que estás haciendo?
- No, pero -me corta poniendo un dedo sobre mis labios.
- Es este pueblo, tiene algo que nos ha empujado. Realmente, esto no habría pasado en Sevilla.
- ¿Qué quieres decir?
Mira hacia otro lado, su expresión es de tristeza, ¿por qué?
- A ver, en casa no nos habríamos liado, tú nunca...
- Eso no es cierto -me incorporo sobre mis codos, él se queda tumbado, parece un corderito herido.
- Lo es, Carla, nunca te habrías fijado en mí ni siquiera para un polvo, pero aquí, solos los dos, tú tan...
- ¿Yo qué?
- Es decir, que... bueno, no hace mucho que cortaste con Diego y...
- Dilo, venga.
Me mira, ¿por qué está tan triste? Nos hemos dado placer mutuo, él va por otro camino, ¡pero yo estoy enloqueciendo por él! Aquí la que debiera estar triste soy yo. ¡No seamos egoístas! Y sí, necesito sexo, pero no sólo eso, sino también amor. Quizás ésto más que cualquier otra cosa.
- No quiero hacerte daño, Carla.
- Venga, dí que estoy necesitada, no es malo, da igual ¿verdad? total, ha sido sólo un polvo.
Me levanto y empiezo a vestirme, Luis me agarra por detrás, me susurra al oído.
- No digas "sólo", di "mucho más".
- Estamos en desigualdad de condiciones, Luis, eso no vale, y hace mucho más daño. Déjalo, por favor.
- Nunca querría hacerte daño.
- Pues ya lo estás haciendo.
- Espero que algún día lo entiendas --se gira hasta quedar a un costado-, necesitas tiempo, verlo por ti misma y comprenderlo, y espero que cuando lo hagas no sea demasiado tarde.
Un beso. Una presión suave, dulce, con sabor a despedida. Pronto, una carretera, un sabor amargo y salado a lágrimas. Un deseo que queda en eso, en deseo. Y un presente: regreso a la realidad, fin del cuento de hadas, fin del embrujo, de nuevo Sevilla y con ella, el Luis-amigo-gay de siempre. ¿Y yo? La tonta-enamoradiza-en las nubes de siempre.