Fragmento #97 - Café para cuatro

Domingo, 22 de Septiembre 2010
En Sevilla

Día de descanso, para recargar las pilas, para reponerme de la tontería que había hecho.
Estoy fregando como puedo los platos después de comer. Ahora, tendré tiempo para echarme la siesta, o leer algo.
Pero esta paz no dura mucho. Suena el timbre.
- ¡Ya voy! - mi madre me echaría un buen rapapolvo, para ella es mejor no hablar hasta comprobar de quién se trata.
Abro la puerta, pensando en esto, por lo que sólo la muevo una cuarta para comprobar.
- ¿Carla? ¡Hola! -la cara de Nerea asoma la primera.
La abro totalmente, y entra como un torbellino en el piso. Esta chica es pura energía. Detrás, inevitablemente, Luis. Me mira fijamente, y yo no puedo hacer otra cosa que bajar los ojos. Voy a cerrar tras ellos dos cuando veo que ella también está allí. Me quedo paralizada, ella tampoco se mueve.
Una mano se posa en mi antebrazo, cálida, tirándome levemente hacia atrás, y dejándole espacio a esa víbora. ¿Por qué he dejarle entrar en mi casa?
Desvío la mirada hacia quien me tira del brazo: Luis. Asiente levemente con la cabeza, un segundo, un despiste; ella entra y yo me quedo como un pasmarote. Nerea se gira y nos ve de esa guisa a los tres. Todo transcurre en apenas cinco segundos. Me coge del brazo -no sé como ha llegado tan rápido hasta mí-, y me lleva hasta la pequeña cocina.
- No podíamos dejarla atrás -explica en susurros.
- ¿Por qué no?
Bufa, mira hacia otro lado, está resentida.
- Porque no deja a Luis ni a sol ni a sombra -admite-. Lo siento. Pero intenta no prestarle mucha atención, a ver si así...
A ver si así se aburre, buena idea... pienso.
Termino haciendo café para los cuatro. Bueno, tres y una lapa. Pero no pienso dejar que ese gusano se interponga en mi camino. Estoy decidida a hacer todo lo posible por conquistar a Luis. Ya sé que me gusta muchísimo, es un primer paso. El segundo, ver cómo separarla de él. Y que él no se enamore de ella sino de mi... quizás la parte más difícil. Después de todo, no me voy a quedar de brazos cruzados.
Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, y esto es una guerra por amor. "Ana la víbora", ¡te declaro la guerra!.