Fragmento #105 - Escritora

Sábado, 9 de Octubre 2010
En Costa Ballena

He cogido el coche, y me he plantado en la casa de la playa. Tengo las llaves, todos tienen que trabajar, o hacer cosas, nadie está allí. Ayer por la tarde metí el cuaderno, el portátil, un par de mudas de ropa, y me vine hacia aquí. Por suerte, no hace muy buen tiempo, está nublado y hace aire fresco. Pese a ser octubre, muchos pasan todavía el fin de semana en la playa. Sin embargo, hoy está prácticamente desierta.

La casa tiene vistas directas a la playa. Estamos en la punta, junto al hotel y el camino que lleva hasta el camping.

Me siento en el balcón, con el cuaderno, un colacao y el móvil con los cascos.
Enciendo Spotify (me gusta esta plataforma, aunque hay algunas canciones que todavía no he encontrado, y mucho autor extranjero), y abro por la última página escrita.

Situada frente al espejo. Extendió una manita, pequeña, antes regordeta, ahora muy fina, delgada, hacia él. El reflejo de sí misma la imitó. Trazó un arco, hacia la derecha, hasta tocar el borde, de madera, antigua, astillada por el paso del tiempo.

Poco a poco, fue surgiendo. Primero como humo, luego se fue transformando en niebla densa, y finalmente, tomó la forma de un ser pequeño, casi de la misma estatura. La presencia se fue acercando, haciéndose cada vez más nítida. Unos tirabuzones negros, caían en cascada por encima de los hombros, enjutos. El flequillo, peinado hacia atrás y sujeto con una diadema, dejaba al descubierto una cara fina, ovalada, enmarcada por unos grandes ojos azules.

Lyria se acercó más al espejo. Con la punta de sus dedos acarició el contorno de la cara al otro lado. La niña que la miraba, extendió su mano, palma hacia arriba, invitándola.
- Ría..
Miró a los ojos a la pequeña niña que estaba al otro lado del espejo. Era su misma voz. Estaba allí, encerrada. Y ella era la culpable. Pero ahora podía ayudarla, ya no tenía miedo. Apoyó su mano sobre la suya.
- Fía...

Una gota emborronó la última palabra. Había comenzado a llover.