Fragmento #111 - Recuerdos velados

Viernes, 5 de Noviembre 2010
En el hospital

- Vas mejorando. Mañana te haremos otro TAC.
- ¿Podemos irnos ya, por favor?
Llevaba dos días muy irritable. Nadie quería decirme nada de por qué estaba allí. "Aún no, es pronto, primero tenemos que comprobar varias cosas"
El médico asintió con la cabeza, y Guillermo, ése era su nombre, obedeció.
- Lo que usted mande, señorita -me había tocado el celador chistoso. Esa semana estaba en turno de mañana, y allá donde tenían que llevarme, estaba él. Parecía poco mayor que yo, pelo castaño, alborotado, y encima simpático. Pues no tenía el cuerpo para muchas tonterías.

Al llegar a la habitación, me esperaban dos médicos más, junto a mi doctora. Era bajita, regordeta, con el pelo recogido en una coleta. Mirada picarona, y lengua afilada cuando quería. Amable, siempre con una sonrisa, pero más estricta que un sargento si no se hacían las cosas como ella quería.

- Mírala, ahí viene, vaya cara que traes, deberías estar contenta, con el celador tan guapo que te ha tocado. Hasta la abuela de la habitación de al lado babea por él.
El chico se sonrojó, soltó una carcajada y colocó mi cama en la posición que habitualmente se encontraba.
- Hoy vamos a ver qué tal se encuentra doña enojos.
Me auscultó, comprobó la tensión, me tomó la temperatura, garabateó en sus hojas y se quedó mirándome.
- Has tenido mucha suerte, como para que estés así, enfurruñada.
- Sí, mucha suerte... miro hacia otro lado, evitando que se me salten las lágrimas.
- Has salido del coma, sólo te has roto una pierna, y el pelo volverá a crecer. No se verá la cicatriz. Además, los compañeros han tenido cuidado para dejarla lo más fina posible.
- ¿Y el collarín? ¿Y el brazo?
- Daños menores, sólo una contractura y una pequeña fisura. Estás viva, deberías verlo así.

Vaya doctora, no deberían hablar así a los pacientes. Los otros médicos deben saber cómo es, porque no parecen sorprendidos, sólo me miran a mí, y no a ella.
- Ahora toca hacer memoria. Para eso están ellos aquí -los señala con la cabeza-. Te dejo en buenas manos. Nos vemos en un rato.
Se da la vuelta, se despide de los dos médicos y se va, dejándome a solas con ellos. Esto me huele a interrogatorio. Lo que no saben es que no recuerdo nada.