Fragmento #114 - ¡Sorpresa!

Martes, 30 de Noviembre 2010
En Sevilla

Mejor ni comentarlo.
Tres semanas al final, en casa de mis padres.
Sí, deshaciéndose en cumplidos, ayudándome en todo, pero sintiéndome extraña porque nunca habían sido así antes. Habían demostrado el cariño a su manera. Atentos sí, pero no empalagosos, ni demasiada demostración de amor. Nos dejaban a nuestro aire, para ir ellos al suyo, sin embargo, en cuanto a afecto, bueno, nos querían, éramos, somos sus hijas, pero a veces me daba la sensación de que demostraban más afecto al perro que a nosotras.
En fin, lo mejor es pasar página y dar la bienvenida de nuevo a la libertad de mi apartamento.

Enciendo la luz, ayudada por mi hermana. Ésta se mudaba conmigo, para comprobar que no hacía muchos esfuerzos durante las mañanas, para no empeorar la pierna ni el cuerpo en general. Y luego por las tardes, mientras ella no tuviera "otras cosas que hacer y la obligaran a salir" (excusa barata para no quedarse encerrada conmigo, una lisiada).

- ¡Sorpresa!

El piso está lleno de gente. Amigos, y amigos de esos amigos. Nerea, Raúl, Victoria (novia), el chico con el que me lié aquella noche en la discoteca, varios compañeros de la facultad, Marta, Marcos (¿¿??), el pelota de la clase (¿qué hace éste en mi casa?), y otros más. Digamos que la gente con la que más me he relacionado últimamente. Mi ex-amiga ni se digna a venir, para qué. Pero a mí me da igual, aquí está la gente que de verdad ne importa (y otros que no sé de dónde han salido, claro).

Sin embargo, no veo a Ana por ninguna parte.
Todos se me acercan, me ayudan a llegar al sofá, y me derrumbo en él, seguido por ellos. Mi hermana se queda también allí. Me siento a gusto, puedo notar el cariño que me tienen, aunque apenas haya tratado a algunos.

Todo va a ir a mejor, lo presiento.