Fragmento #115 - No por pena

Miércoles, 1 de Diciembre 2010
En Sevilla

La semana que viene iré a clase. Ésta me la tomo de relax, como me han aconsejado los médicos. La escayola espero me la quiten este viernes, que tengo consulta con el traumatólogo.

Ahora estoy viendo quién se interesa realmente por mí, quién me trae y me lleva, quién está atent@, etc. Esas pequeñas cositas que con las que te das cuenta de quiénes son verdaderos amigos. Entre ellos, mi hermana. Pensaba que se despegaría más, como siempre va a su bola... pero no. Tampoco es que se desviva en cuidados, pero sí que está muy pendiente de mi y lo que necesito. También están ahí Nerea, Marta, Raúl y Luis. Éste último evita mirarme siempre que puede, pero hace lo que sea que le pida o vea él mismo. Ahora mismo, está en casa, se ha saltado la última clase para venir a hacerme compañía.
Está sentado a mi lado en el sofá. Parece intranquilo, se retuerce las manos, las frota, se cruza de brazos.
- Voy a por agua, ¿te traigo?
- Sí, porfa.
Se levanta. Algo le pasa, no lo había visto tan alterado antes. Trae dos vasos de agua. Derrama parte sobre mí, por suerte no cae en la escayola.
- ¡Lo siento! Ay, perdóname!
- Trae papel de la cocina, no pasa nada.
Bueno sí, que parece atontado, pero no voy a decírselo, claro.
No ha llegado ni a mitad de camino con el rollo de cocina cuando tropieza y cae sobre el sofá. Atontado y patoso. ¿Qué le pasa hoy?
- Vaya día, de veras que lo siento, Carla.
- Va, va, ya está -me seco con el papel, mientras él me mira-. Ya, ¿ves? listo.
Lo miro a los ojos. Los tiene rojos, dos lágrimas caen por las mejillas.
- ¡Luis! Oye, ¿qué te pasa? -me remuevo en el sofá para acercarme a él. Tiene las manos apretadas contra las rodillas, sentado con la espalda encorvada. Le pongo una mano sobre el brazo y en un segundo se me abraza con fuerza.
- Carla, lo siento. Mucho. Ha sido culpa mía. No debería...
Sorbe la nariz, se calla.
- ¿Qué no deberías? -paso la mano arriba y abajo por la espalda. Es reconfortante.
- Si no te lo hubiera dicho... estúpido.
- ¿El qué?
- Eso.
- ¿Eso qué?
- Lo que te dije en el parque de atrás. Que era sólo sexo,
- También dijiste que te gustaba -una pequeña luz va viniendo a mi cabeza-. No te sientas culpable, ni que por ello tienes que estar ahora aquí conmigo.
- ¿Y si es lo que quiero?
- Luis, tú mismo dijiste que no sería justo para los dos. Tampoco lo es ahora, si estás conmigo por pena. Dejemos que pase un tiempo -¿qué coño estoy diciendo? me salen las palabras solas...
- Carla...
- Shhh, ven aquí. -lo atraigo hacia mí, y consigo que se tumbe sobre mi regazo. Me gusta la sensación de estar así abrazados, tocándole el pelo, él rodeándome la cintura y con la cara apoyada en el pecho.