Fragmento #131 - Esta noche es Nochebuena

Viernes, 24 de diciembre 2010
En Sevilla

Nochebuena. Comida, familia. Risas, abrazos. Llanto. Primeras navidades de mi hermana sin su novio. Mejor sola que mal acompañada, pero es inevitable. Ha tardado media hora en salir de su cuarto. Todo está tal y como lo dejamos, tanto ella como yo, cuando nos fuimos a vivir solas. En el mío sigue el oso panda encima de la almohada. Colores neutros, un poco de malva muy suave aquí, un poco más rosado allá, combinado con verde agua muy clarito. Mi colcha de patchwork, y mis cortinas hechas de una “colcha de IKEA”. Sí, porque antes de mudarme, me dio por hacerme las cortinas, de una colcha malva claro/rosa que compré expresamente. Estaba harta de las elegidas por mi madre, demasiado infantiles y de niña cursi. La colcha lo mismo, aunque ya la compre hecha, es auténtico patchwork. Guardo el panda en una bolsa, me lo llevo a mi piso. Una pena que la colcha no le quede bien a mi cama, ahora doble.
Bajo al salón, todos ríen, algunos falsamente, otros de verdad.
La mesa está puesta, solamente falta el invitado o la invitada sorpresa. ¿A quién se le habrá ocurrido invitar? Pongo un poco de música para ambientar, villancicos. Los típicos pero cantados por un coro rociero. Suenan mucho más bonitos y no tan pesados como los niños cantando “Los peces en el río” con voz chillona.
Mis primas, una de 13 y otra de 15 años, no sueltan los móviles. Literalmente enganchadas, tan pequeñas. Las nuevas tecnologías no siempre mejoran el mundo, en muchos casos lo empeoran y vuelven aún más imbéciles a sus habitantes. Y a las criajas, más tontas que nunca. Cómo me alegro de haber pasado la edad del pavo.
Miro alrededor y veo el panorama, mi familia. En definitiva, una familia más, típica, pasando sus navidades juntos. Gente riendo, una mesa con comida, música de fondo. De acuerdo, una familia típica de clase media-alta, no todos tiene la suerte de poder celebrarlo ni juntos ni con comidas. La crisis está empezando a hacer de las suyas.
Normalmente, nos juntamos mucha más gente, pero este año es diferente: cada uno ha hecho sus planes.
Llaman al timbre, buen timming. Será el o la invitada sorpresa.
- ¡Abro yo!
Y nada más hacerlo, me quedo blanca al verle en la puerta. ¿Pero qué coño está haciendo aquí?