Fragmento #146 – Animals

Noche Lunes-Martes, 15 de febrero 2011
En Sevilla

Después de la cena, en un rico restaurante italiano, donde he ido cientos de veces con mi familia, regresamos a casa. Las copas, las tomaremos en el piso, porque mañana hay que madrugar y así podemos dormir directamente.
Aunque parece ser que los planes de Luis son diferentes.
Algo de lo que ha comido, se la ha levantado, y está más caliente que un clavo. Pero cómo no, le tiene que dar su toque: está haciendo el cerdito, sonidos, y revolcándose en la cama como si de una pocilga se tratara. ¿De verdad se piensa que eso me va a hacer tirarme a sus brazos?
No puedo hacer otra cosa que partirme de risa, terminar en el suelo agarrándome el estómago y llorando.
- Por fin.
Entre carcajada y carcajada, atino a preguntarle.
- ¿Por fin el qué?
- Te estás riendo.
Se me va apagando la risa. Así que ése era el motivo, no el calentón.
- Los últimos días, desde Malta, has estado más seria de lo normal, y cada vez que me sonreías, podía ver que no era de verdad. No te llegaba a los ojos, como suele pasarte.
- Tienes que admitir que han sido unos días muy…
- ¿Raros? Sí. Quizás deberíamos esperar un tiempo antes de volver a salir de España. Eso es el aire italiano, que ha llegado desde el norte y nos ha contagiado su sangre caliente.
- Vamos que también tenemos sangre caliente los españoles.
- No tanto… o demuéstrame que me equivoco –guiña un ojo y se sube de nuevo a la cama.
- No me retes, sabes que no podré resistirme…


Efectivamente, adoro los retos. Así que no espero más y me tiro encima de él, haciendo también sonidos de animales. Y como tales, no podemos hacer otra cosa más que retozar durante toda la noche.