Fragmento #154 - Graduación

Viernes  27 de mayo
En Sevilla
El gran día que todos esperaban, ha llegado. Para mí, el día en el que tengo ganas de quedarme en casa, escondida bajo las sábanas. No parezco muy social, pero es que las grandes reuniones y aglomeraciones con familiares de por medio, nunca me han gustado. Y menos, con padres como los míos.
Al final, han repartido tres entradas por persona. El resto que quiera ver cómo se desarrolla la graduación (cuántas caídas hay en las escaleritas u otras situaciones embarazosas), podrá seguirlo desde las pantallas que hay situadas fuera del auditorio y en la cafetería de la facultad.
Por suerte, mi reunión familiar, no será muy extensa, ya que con niños, etc., mi prima nos espera fuera, en un parquecito con las gemelas, mi abuela y otra tía sí que están en la cafetería, y los maridos... charlando y fumando fuera. Dentro sólo están mis padres y mi hermana. Luis, al ser compañero y novio, entra dentro del saco de los graduados.
Lo miro desde abajo, está sentado tres filas más arriba que yo, y totalmente en la esquina. Yo estoy más o menos en el centro de la fila de butacas, en el medio. Apellido más o menos común, dejémoslo ahí.
Las luces se atenúan un poc, comienza el discurso de uno de los profesores, del Decano y de nuestro delegado de clase. Después, vídeo conmemorativo. No nos pusimos de acuerdo en hacer un lipdub, así que hemos hecho algo diferente. Bo creo que muchos cursos les haya dado por hacerlo en blanco y negro, y cada uno diciendo una frase relacionada con lo mejor y lo peor, con las 6W del periodismo. Es original, y salimos todos o casi todos.
Que no termine, que no quiero subir a por mi banda y caerme en el camino (patosa como siempre y con tacones)... Pero termina. Y nos van llamando a todos. Nos entregan la banda, la recogemos, volvemos. Para luego otro mini discurso y subir a la tarima para agitar y/o tirar las bandas al aire, gritar y llorar. Después de cinco años, sólo nos quedan dos semanas de exámenes y habremos terminado.
Miro de nuevo a Luis.
Sí, aquí todo termina.