Fragmento#151 - Cuando te das cuenta de...

Viernes, 6 de mayo
En Sevilla
La melancolía siempre está ahí. A veces parece que está encerrada bajo llave mientras la alegría lo invade todo, pero otras rompe sus ataduras e irrumpe en nuestro corazón con una fuerza que creíamos extinta. Llorar, abrazar una almohada, las rodillas, encogerse debajo de las sábanas, como si nos doliera algo. Pero no es un dolor físico, es uno más profundo, que está en nuestro interior, y que es capaz de dejarnos inmovilizados.
La melancolía lleva consigo, en muchos casos, la tristeza. La tristeza es la ausencia de alegría y vitalidad, es un sentimiento que intentamos evitar a toda costa pero que sentimos más a menudo de lo que quisiéramos.
Darte cuenta de que querías a una persona, pero la rutina se ha colado en nuestras vidas y no tengo ningún encendedor para volver a prender la chispa que una vez hubo entre nosotros. Esa chispa que durante un año, fue consumiendo la mecha, convertida en llama,
Ahora, sólo queda el humo tras haberse apagado. No hay más cera, no hay encendedor. No queda amor.
Y lloro porque me he dado cuenta ahora, demasiado pronto. Lloro también porque me veo caprichosa a mí misma. Egoísta. Pero a la vez me compadezco, no puedo hacer que vuelva el amor, no puedo engañarnos a nosotros. Por mucho que duela, he de decirle a Luis que lo nuestro se ha terminado.